Mis reflexiones son como muñecas rusas, unas contienen otras. Muchas están conectadas entre sí y con mi conciencia espiritual.

Los pensamientos que divulgo son energías proyectadas a otras personas y entre todos conectamos con la energía madre del Universo.

La meditación es un magnífico regalo para mi cuerpo, a través de ella consigo la relajación y una visualización de mi proceso de sanación.

Busco la complicidad de mi subconsciente, de una Inteligencia Superior, que podemos llamar Dios…, y la ayuda de especialistas sanadores, personas en las que tengo fe e influyen para superar mi desafío.

Cada día al levantarme aquieto mi mente con la respiración, sigo un proceso de relajación que inicio en los pies y finalizo en la cabeza.

Evoco mi mantra OPSEAL 00 (el tratamiento que pretendo impulsar día a día. Emplazado en la conciencia del instante con Optimismo vital, Serenidad interior y Alegría de vivir como ingredientes básicos, con 0 miedos y 0 ansiedad).

Rezo con emoción, mientras dibujo una sonrisa en mi rostro y en mi cuerpo:

Inteligencia Superior, que conecta mi ser espiritual con el Universo.

Dios, Subconsciente, Guardián de mi cuerpo, Destino…

¡Sanad mis dolencias!

 

Me veo caminar acariciado por la luz del sol,

Con una sonrisa ancha.

Sin penas, ni dolor, ni cansancio, ni enfermedad, ni miedos.

Con una paz y sosiego que empapan todo mi ser.

 

La luz intensa y la sonrisa interna que imagino y siento, las revierto en una visualización de sanación que repasa todas las lesiones de mi cuerpo.

 

Pensemos, Sintamos e Imaginemos nuestros Caminos de Sanación. A los pensamientos hay que unir anhelos, emociones y sentimientos positivos.

 

Ajusto y personalizo mis mantras o rezos de sanación a mis circunstancias y empeños. Los repito cada día.

 

Ordeno a mi castigado sistema inmunológico aumentar las defensas (linfocitos, neutrófilos, leucocitos…) y desenmascarar a las células cancerígenas.

 

Pienso en el proyecto del día, cómo lo dispongo y qué me ilusiona. Me emplazo como si fuese a morir pronto, qué prioridades establezco, y sin angustia, como si fuese a vivir siempre.

 

Mi espíritu vital es eterno porque forma parte del Universo.

 

En el crepúsculo o en la noche ante el firmamento, si el cansancio me abate o mi tiempo lo dilato, repito una nueva meditación.

 

Lo que importa es encontrar un hueco al día, somos seres tan ocupados y tantas veces anclados en el estrés que nos olvidamos de vivir.

 

Aprende a estar en silencio.

Deja que tu mente tranquila

escuche y se quede absorta.

                                  

                                                                                                 Pitágoras de Samos, filósofo y matemático, siglo VI a.C.

 

Un tiempo vital para nosotros envuelto en el silencio es el mejor tesoro para alcanzar la serenidad y soñar la alegría de vivir.

 

 

Carlos Algora