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30. La noche cae, el cielo ámbar se difumina

DESTELLOS EN EL CREPÚSCULO

30. La noche cae, el cielo ámbar se difumina

Escucho el murmullo de las olas del mar.
¿Qué secretos quieren contarme?
Contemplo el planeo de las gaviotas y su graznido marinero.
Azules, rosas, naranjas y púrpuras inundan el crepúsculo.

Solo frente a la mar, vislumbro mi vida.
Soy un superviviente de un naufragio terrible.
Una lucha sin pausa, larga… Debo de estar contento.
Si bien, exhausto, muy exhausto.

¿Dónde están mis fuerzas?
Ayer me desayunaba el mundo.
Cielo azul, mar querido,
Tú me has visto corretear entre tus olas.

Mi paso es cansino; mis fuerzas, mermadas.
Ayer era un andarríos que patinaba por las aguas.
Ayer, un marinero en tierra que alborotaba la arena.
Ayer pisaba con mis pies desnudos las verdes algas.

Gaviota, háblame, ¿te lamentas con tu graznido
O bendices la vida que Dios te ha dado?
En mi soledad, ¿lloro porque estoy enfermo
O río por la segunda oportunidad que la vida me ha dado?

Grito hasta derrumbar el cielo: ¡Sanaaaaaaarrrrrr!
Hasta vaciarme y quedar mudo por dentro.
Lloro por mi infortunio o río porque sobrevivo.
Me alegro por estar vivo o anhelo terminar pronto.

Mis queridos amigos, David, María José y Dulce,
Juntos combatíamos en las trincheras,
¿Estáis allí en el arco iris, junto al cielo azul,
O soy un superviviente que camina solo.

En mi imaginación escucho un eco profundo,

¡Vamos, Carlos!
¡Nunca te vas a rendir!
¡Al final, venceremos!

La noche cae, el cielo ámbar se difumina.
Marte, la Luna y Saturno me acompañan.
Tirito de frío como un anciano.
¡Nunca me voy a rendir!

Carlos Algora

2019-05-08T12:07:46+00:00 7 febrero, 2019|Destellos en el Crepúsculo, Noticias|0 Comments