Dos universos existen, el inconmensurable de años luz donde la Tierra es una mota de polvo, y el del átomo, formado de partículas aún más pequeñas.

En una  mota real de nuestro planeta hay a su vez mundos como galaxias con sistemas  de electrones en torno a núcleos de protones, neutrones y los aún más diminutos, quarks, que integran estos últimos.

Hay más vacío y energía que masa en el Universo, igual ocurre dentro del átomo. El vacío y la energía forman parte también de la materia, esta no es estática.

Los componentes subatómicos no se ajustan a las leyes ordinarias de la física convencional. Su saber entra en el campo de la Física cuántica.

Si el Universo está lleno de misterio y magia, como los célebres agujeros negros, con la partícula subatómica se desafía el sentido común y el misterio y la magia se acentúan.

Un electrón puede estar en dos sitios a la vez, puede existir un entrelazamiento con otra partícula a kilómetros de distancia, o se puede teletransportar, desaparecer y reaparecer en otro lugar distante sin importar las barreras.

En la teoría Cuántica, como  en la teoría de la Relatividad de Einstein, el tiempo no es lineal en circunstancias extraordinarias. ¿En un futuro sería posible viajar en el tiempo?

Puede haber una superposición de diferentes estados de la materia en una sola partícula subatómica y estas  se comportan más como ondas.

La magia subatómica es ciencia cuántica. Un reputado nobel en esta especialidad exclamó: “Si crees entender la física cuántica, es que no te has enterado de nada”.

La física cuántica es la física de las posibilidades. Nuestro nacimiento es resultado de un campo infinito de probabilidades. Somos afortunados solo por nacer.

La medicina cuántica puede ir al origen de la enfermedad, pero hay que desconfiar de los charlatanes cuánticos que sólo pretenden enriquecerse.

Nuestros pensamientos y las palabras son una forma sutil de energía vital. ¿Podemos modificar nuestra realidad con la fuerza de nuestra mente?

Conocida es la experiencia de un científico japonés, Masaru Emoto, que fotografió con microscopio moléculas de agua sobre las que previamente había vertido pensamientos, emociones y ambientes musicales.

La magia estaba servida, los cristales de las moléculas de agua estimuladas positivamente eran más blancos, armónicos y bellos.

Los estimulados con palabras y sentimientos negativos como el odio eran más oscuros, distorsionados y grotescos.

Las fotografías de Masaru Emoto, recogidas en su libro Los mensajes ocultos del agua, nos muestran que el agua, origen y fuente de vida, SIENTE.

Si nuestro cuerpo y nuestro cerebro están formados por más de un 60% de agua, ¿cómo influyen nuestros pensamientos en nuestra realidad?

El biólogo Bruce Lipton y otros investigadores han estudiado la interacción entre células, pensamientos y emociones.

Según Lipton, somos resultado del ambiente emocional que envuelve nuestras vidas. Nosotros podemos elegir entre la salud o la enfermedad y apostar por caminos de sanación.

Los pensamientos positivos no bastan si son solo una costra superficial de un subconsciente que custodia un océano oscuro de negativos sentimientos y emociones.

 

Carlos Algora