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1. La Cornada Será Limpia

ODISEA DEL AUTOR – EL MAESTRO DE LA MANO NEGRA

1. La Cornada Será Limpia

La novela está escrita en un momento crucial de mi vida, con unos personajes que sufren, mientras yo también sufría. Ese padecimiento que he sentido me ha hecho más sensible a la congoja de los personajes del relato. Mi destino personal en el año 2014 me seguía reservando algunas sorpresas y otras pesadillas. Mi futuro incierto no iba a ser de rosa, así lo presentía también el protagonista de mi historia literaria.

Esta obra la vi peligrar en los lapsos de tribulaciones existenciales, ¿podría terminarla?, me pregunté muchas veces. No soy la misma persona al comenzarla a escribir que al terminarla. Considero que las vivencias, el dolor, los miedos y las esperanzas que he sentido impregnan también esta narración y forman parte de su esencia.

En el 2014 inicié mi calvario personal, el 15 de enero, como estaba previsto, me operaron del mazacote de ganglios, que resultó ser un tumor, un paraganglioma de origen genético y por fortuna benigno, según me informaron.

«¿Por qué dramatizar?», no pude evitar decirle a mi mujer, unos momentos antes de afrontar mi desafío: «Ocurra lo que ocurra, no quiero penas, soy ya un hombre afortunado». Después bromeábamos entre risas con lo de la cornada: «Será limpia», decía yo.

Mi novela, aunque aparcada, podría continuar. Pero el sino para mí, como para el protagonista de mi relato, nos reservaba otros desconciertos. Mi anillo de bodas, que era también de mi padre, y que tenía la fecha grabada de nuestro enlace, se extravió para siempre. Me lo quité con prisas minutos antes de pasar al quirófano y se lo di a mi mujer atribulada. ¿Sería un presagio de que nuestra vida cambiaría desde entonces?

Después de la intervención quirúrgica, con una sonrisa esbozada en mi rostro, escribí: Siempre he considerado que la suerte de una persona era más fruto del tesón y el empeño en conseguir las propias metas, que nadie regala nada. Pero la experiencia me obliga a matizar: nosotros mismos somos fruto de una fantástica lotería, la de la vida. La suerte del azar también es esencial.

Las navidades anteriores a la intervención, pese a las incertidumbres, habían sido excelentes; era consciente de que tenía que vivir el día a día, saborear los instantes…. Más allá, en el tiempo nebuloso, solo queda la muerte, la otra cara de la vida, la eternidad de la energía… Al final somos todos átomos y moléculas que formamos parte del universo desde el Big Bang.

Me considero una persona afortunada, pero sé que en un instante el destino puede cambiar. Fui bendecido por la vida y, en las principales encrucijadas de mi existencia, un halo de suerte siempre acompañó mi caminar. 

                                                                                                                  Carlos Algora

2020-03-22T17:18:42+00:00 7 marzo, 2020|Noticias, Odisea del Autor|0 Comments