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27. Biografía del Silencio

DESTELLOS EN EL CREPÚSCULO

27. Biografía del Silencio

Biografía del silencio, es un breve ensayo sobre la meditación de un sacerdote católico, Pablo d’Ors, asesor del papa Francisco. La lectura te sumerge en un mar de reflexiones, sin un orden metodológico aparente, pero con el calado de unas vivencias sentidas y volcadas con espiritualidad abierta y profundidad de pensamiento.

Selecciono algunos contenidos que transcribo con libertad al ordenarlos, pero respetando siempre al autor. Son de párrafos que han llamado mi atención y han suscitado mi interés.  

Es preciso despertar al maestro interior que cada uno de nosotros llevamos dentro y, en fin, dejarle hablar. Digo esto porque en el fondo todos somos mucho más sabios de lo que creemos.

La verdadera dicha es algo muy simple… El secreto es vivir plenamente en lo que se tenga entre manos.

Conviene dejar de una vez por todas de desear cosas y de acumularlas; conviene comenzar a abrir los regalos que la vida nos hace para acto seguido, simplemente disfrutarlos.

La simplicidad del método ―sentarse, respirar, acallar los pensamientos… y, sobre todo, la simplicidad de su pretensión ―reconciliar al hombre con lo que es ―me sedujeron desde el principioMeditar no es difícil; lo difícil es querer meditar.

La meditación en silencio y quietud es el camino más directo y radical hacia el propio interior, y eso requiere un temple de soldado y una firme determinación.

La práctica de la meditación puede seguramente resumirse en saber estar aquí y ahora.

Cuanto más se medita mayor es la capacidad de percepción y más fina la sensibilidad… Se camina con mayor ligereza. Se sonríe con más frecuencia.

Gracias a la meditación he ido descubriendo que no hay yo y mundo, sino que mundo y yo son una misma y única cosa… Yo soy el universo.

Lo que realmente mata al hombre es la rutina; lo que le salva es la creatividad.

Tanto más se piensa, tanto más se debe meditar: esa es la regla. ¿Que por qué? Pues porque cuanto más llenamos la cabeza de palabras, mayor es la necesidad que tenemos de vaciarla para volver a dejarla limpia.

 O eres consciente de tus enfados, de tus nervios, de tus preocupaciones…, o los nervios, la preocupación o el enfado te dominarán.

Nadie va a discutir que el dolor resulta desagradable, pero aceptar lo desagradable y entregarse a ello sin resistencia es el modo para que resulte menos desagradable. Lo que nos hace sufrir son nuestras resistencias a la realidad.

Todas las dificultades que nos toca atravesar, son oportunidades que el destino ―ese amigo― nos ofrece para crecer.

Para sentarse a meditar hace falta una extraordinaria humildad. Meditar ayuda a no tomarse a sí mismo tan en serio y exige mucha paciencia, constancia y determinación.

Entre todas las cosas que se interponen entre nosotros y la realidad, la más dura de erradicar es lo que en el budismo zen se conoce como ego.

El camino de la meditación es el del desapego, es un irse desnudando hasta que se termina por comprobar que se está mucho mejor desnudo.

En este instante estoy escribiendo junto a la chimenea de mi casa. Laska está a mis pies y oigo cómo afuera cae la lluvia: no imagino mayor plenitud. Madera para quemar, libros para leer, vino que catar y amigos con quienes compartir todo esto. No hace falta mucho más para la verdadera felicidad.

Deseo tener hijos, plantar árboles, escribir libros… Oler las flores, amar a las mujeres, jugar con los niños, acariciar a los animales… He aprendido que es bueno dar la mano a los ancianos, mirar a los ojos de los moribundos, escuchar música y leer historias.

La vida es un viaje espléndido y para vivirla solo hay una cosa que debe evitarse el miedo. O se vive o se muere, pero quien decida lo primero debe aceptar el riesgo… Meditamos para ser más fuertes que la muerte.

Pablo D’Ors nos incita a reflexionar sin chácharas mentales y meditar sin expectativas, aquietar la mente y VIVIR.

El dolor, el sufrimiento…, son caras de la vida que nos pueden ayudar a crecer como personas, si lo sabemos afrontar con sabiduría y aceptación.

Los placeres sencillos y cotidianos, con plena consciencia del ahora, enriquecen nuestra existencia.

En mi patio, en una hamaca entre un olivo y un limonero, leo y escribo estas notas, mientras una fuentecilla que impulsa el sol tintinea al aire. Una paloma blanca otea desde una chimenea cercana. No siempre esa paz idílica rodea mi jardín, situado entre casas vecinas, pero así es la vida con sus silencios fructíferos y algarabías mundanas.

                                                                                                                  Carlos Algora

2018-10-18T17:52:52+00:00 7 octubre, 2018|Destellos en el Crepúsculo, Noticias|0 Comments