En mi vida he bordeado más de una  vez la muerte. Soy un superviviente.

Mis días, contados, como el de todos los seres humanos,  ¿quién sabe cuándo va a morir?

Mi metástasis de paraganglioma, extensa. Mis pasiones: vivir, amar y admirar la belleza del instante.

Nunca me voy a rendir.

Soy como un iceberg. Generaciones consanguíneas sumergidas en el tiempo sin memoria hemos jugado una aciaga lotería.

A mí, ser afortunado, me eligió el azar desafortunado. El destino  rota en un instante.

Ahora soy el elegido dentro de mi familia, el paciente cero para los médicos. El primero, entre ellos, diagnosticado con la mutación genética SDHB y con extendida metástasis.

Nuestra lucha, la de todos, tiene sentido. Nuestros sufrimientos no  se deslizarán en odre roto.

Somos pioneros para combatir al Gran Simulador, este troyano que desenmascarado a tiempo no es nada.

Mis seres más cercanos y queridos pueden prevenir ya la enfermedad y evitar la temida metástasis.

Mi vida y la de todos los pioneros en esta lucha tienen razón de ser. Uniendo esfuerzos y sufrimientos acabaremos con esta lacra que nos carcome. Los avances de uno son avances para todos.

Por mis circunstancias y edad, 63 años, vivo en las trincheras. En primera línea de frente contra el paraganglioma.

Mientras tanto, vivir, vivir sin miedos, con alegría, esperanzas, entusiasmo e ilusiones.

Nada de lamentaciones ni pesares, la vida es efímera y, existir, una bella lotería.

Cuando suceda, lo que ha de suceder a todos, y sin premuras,  quiero serenidad sin penas y una sonrisa por la vida. ¡Brindad entonces por mí!

 

Carlos Algora