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16. El movimiento es vida

Nunca en mi vida he sido partidario del sedentarismo, tampoco he sido un gran deportista.

Por mi metástasis ósea me vi envuelto en dolores para mí desconocidos, provocados también por una quimioterapia oral que resultó ser un veneno para mi organismo.

Entre fuertes sudoraciones perdí más de 15 kg y la capacidad de andar. Nunca me rendí y me esforzaba para dar dos o tres pasos.

Con el cambio de tratamiento, los dolores punzantes que me dejaban abatido y paralizado desaparecieron, como desapareció también mi masa muscular. Pero no mi ánimo ni mi afán de superación y sanación en el invierno del 2015.

Mis dorsales altas estaban deshechas. Un fisioterapeuta, antes de descubrirse mi metástasis, me había aplastado dos vértebras. Ante el riesgo de quedarme paralítico por lesión de la médula espinal, tuve que ponerme un incómodo corsé.

Entre operaciones para descomprimir la médula y cementaciones fui resurgiendo a la existencia.

Mi termómetro de salud era el movimiento, con ritmo muy gradual y pequeñas metas a superar. Con esfuerzo, con constancia, con paciencia, sin sobrepasar los límites, tomando como final del ejercicio el dolor, si se producía.

Retomé mi actividad física de ir a la piscina. Empecé como Jesucristo, caminando sobre las aguas.

El movimiento adecuado me sanaba al fortalecer mis músculos, articulaciones y huesos.

Tenía que observar y aprender mucho de lo que mi cuerpo me indicaba. La actividad física continuada genera endorfinas que proporcionan bienestar y alegría de vivir.

Si me sobrepasaba con el esfuerzo, me provocaba bajones que debía evitar y controlar.

Mis objetivos debían ser muy progresivos, la recuperación muy lenta.

Primero fue recuperar el gozo de caminar 5 minutos, 10, 15…

Después el gozo de nadar unos metros, un largo, dos, tres…

Se trata de elegir la actividad física adecuada a los límites que tu cuerpo y circunstancias te imponen.

El yoga, el taichí, la bicicleta, hasta el baile si te gusta, siendo consciente de lo que puedes o no puedes hacer. El cuerpo te lo dice.

Los estiramientos son válidos si observas que te provocan beneficios. La postura del gato encorvado, la del feto, el rezo islámico, las rodillas al pecho con ligeras oscilaciones son masajes para la columna…

Esfuerzo y movimiento con amabilidad, sin forzar ni provocar dolor.

Por desgracia, nuestra recuperación física no es siempre lineal. Los metastásicos estamos sujetos a recaídas.

Cuando caemos, nos volvemos a levantar y volvemos a empezar. David alcanzó maestría con el taichí. Tras una fuerte recaída tuvo que empezar a recuperar su masa muscular.

Nos resulta duro volver a empezar, es muy difícil asimilar los saltos hacia atrás.

Si nos vemos forzados a un período de inactividad, después no tenemos otra alternativa que tratar de recuperar con tesón. El movimiento es vida.

Si me ves caminar, nadar, estirar, montar en bici…, no preguntes… Me encuentro bien.

Nosotros tenemos una enfermedad; pero, por fortuna, muchas veces no nos sentimos enfermos.

Saboreamos la alegría de vivir. Tenemos plena consciencia de lo que significa que la vida te dé una segunda oportunidad.

                                                                                                         Carlos Algora

2018-02-26T16:50:48+00:00 7 marzo, 2018|Destellos en el Crepúsculo, Noticias|0 Comments